ARZACH

 

Para quienes no estén muy familiarizados con el universo de Moebius, Arzach podría parecer un álbum de ilustraciones, un enigmático manual de símbolos y alegorías o una pretenciosa boutade de un autor charlatán. Por el contrario en él encontrarán todos los componentes que definen a este artista galo, desde su impresionante y muy personal estilo de dibujo hasta su descontrolada composición narrativa, causa del rechazo profesado por aquellos lectores que ante todo buscan la historia antes que la ilustración.
No intento establecer una decodificación de un cómic prácticamente carente de texto y pretendidamente indefinible, simplemente aconsejo que el lector novel de Arzach se deje impresionar por los apabullantes dibujos del artista sin atender al guión, aprendiendo que en la producción de Moebius la improvisación juega un factor fundamental.
 

Él mismo declaró que Arzach lo creó sobre la marcha, sin tener ni idea de lo que vendría en la siguiente página. Con todo, no estamos ante una muestra de escritura automática, por supuesto: la elaboración de las ilustraciones supone tanto tiempo y dedicación que sólo cabe explicarlo como un ejercicio de búsqueda del placer por parte del autor, donde se ve cómo disfruta dibujando y cómo goza con las ramificaciones inesperadas que parten del atisbo inicial.

 

Jean Giraud ( Moebius)

 

Arzach nació para las páginas de Métal Hurlant, (en España, Tótem) en 1975, revista gráfica orientada hacia la ciencia ficción para adultos fundada por el colectivo Les Humanoïdes, guionistas, dibujantes y productores (además del mismo Moebius, Bernard Farkas, Philippe Druillet y Jean-Pierre Dionnet) que, fieles a su tiempo, buscaron un soporte para obras de consciente marginalidad y actitud provocadora, evidentes en el recurso a la violencia explícita o la apología de las drogas como canal liberador del individuo.

 

 

 

Pero la característica principal era la búsqueda de calidad en la estética y puesta en página de la que adolecían los productos más masivos de tirada periódica; Moebius, de hecho, dibuja, entinta y aplica el color manualmente, lo que proporciona un resultado final de una sofisticación inédita hasta la época, en la escala cromática y en su infinidad de veladuras.

 

 

Las historias son cinco, tituladas con cinco versiones del mismo nombre, el del protagonista de capuchón apuntado e imperturbable sangre fría, quien sobre su pterodáctilo (modelo de criatura que más tarde emplearía para Deepo, la mascota del John Difool de El Incal) sobrevuela solitario una tierra hostil de siniestros habitantes. Arzach es un ser carente de escrúpulos, implacable con quien se cruce en sus propósitos: es la encarnación de las pautas arquetípicas del subconsciente masculino, no en vano visto como exaltación fálica (la avidez sexual y la violencia de las que hace gala, el alto gorro cónico, reflejado en una especie de asiento-lingam en la penúltima página de la última historia, y el agresivo flujo de su pene que resulta letal en la primera de las mismas) y que por tanto aparentemente encaja con el pseudónimo del dibujante, quien amparándose tras el nombre de la famosa cinta y su significación lacaniana, justifica sus creaciones como fruto de lo que no es consciente.

 

Lo que ocurre más bien es que el jinete Arzach responde perfectamente al estereotipo de aventurero westerniano absolutamente autosuficiente, herencia/homenaje a la serie anterior de Moebius, El Teniente Blueberry. De hecho, hasta ahora no he dicho lo que es de dominio público, y es que Moebius en su vertiente más realista (El teniente…, con guión de Jean-Michel Charlier) firma con su auténtico nombre, Jean Giraud, que aquí no nos concierne porque poco tiene que ver con lo que supone Moebius (alias y diferente estilo adoptados a partir de 1963) para el mundo del cómic.
Los escenarios de Arzach también aluden a un semidesierto de inspiración texana, con sus retorcidas rocas rojas, sus matojos abrasados por el sol y los restos del esqueleto calcinado de algún animal, aquí empero de tamaño gigantesco. Los turbulentos cielos, las construcciones ciclópeas perdidas en la nada, las ruinas de monumentos milenarios, ofrecen una dimensión épica preñada de ironía porque hiperbólica, antes que una secuencia de imágenes surrealistas u oníricas. Un mapa indescifrable sintetizado en unas pocas planchas que evidencia que lo aquí mostrado no es más que una ínfima porción de todo un complejo universo, invitando al lector a elucubrar sobre lo que vendrá ahora como extensión del paisaje o lo que había allí anteriormente.

 

 
En cuanto a las referencias de Moebius, parece despuntar la saga Dragonriders of Pern de Anne McCaffrey, cuyo éxito comenzó precisamente a finales de los ’60, como fuente para el jinete de pterodáctilo y esa suerte de Medioevo futurista, además de Harold Foster, antes que Alex Raymond, como inspiración para los vastos escenarios, las inexpugnables construcciones o los ejércitos de ricas armaduras y minucioso detalle.
Por último, es de destacar la película de animación Heavy Metal (1981), intento de trasladar el espíritu de Métal Hurlant al mundo anglosajón, con un compendio de historias cortas de las cuales nos interesa la última, Taarna, por montar la guerrera protagonista (quien tampoco dice palabra, como el bueno de Arzach) un monstruo alado blanco que parece convertirse en la carta de presentación de la obra de Moebius.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: